Inquisidora del Santo Oficio (de la traducción)

170px-Seal_for_the_Tribunal_of_the_Holy_Office_of_the_Inquisition_(Spain)Nos acechan a la vuelta de la página; se agazapan entre las preposiciones; habitan en las oscuridades de los últimos párrafos y cuando el lector cree que ha sorteado la prosa sin mayor eventualidad ¡zas! Saltan y lo sorprenden.

Cabalgan con sigilo sobre sus gerundios y embelesan al inocente con su voz pasiva, si bien algunos son tan descarados que hasta se exhiben en titulares con toda desfachatez. No distinguen edad, sexo, condición social ni ocupación. Son omnipresentes, navegan por las redes sociales y los medios de comunicación para propagarse a una velocidad vertiginosa e infiltrarse lentamente en la psiquis de los incautos.

En algunos casos los poseídos se resisten, pero su poder es sobrenatural y terminan doblegando la voluntad del nuevo huésped a punta de repetición. En otros casos, ni qué decir, encuentran terreno fértil y prosperan con toda naturalidad sin que el enfermo siquiera se percate. Las víctimas aquejadas están por doquier. Puede ser tu vecino, el dueño de un comercio, un pariente y hasta un colega.

¿Y qué hacer frente a esta pandemia? Todos, absolutamente todos, en algún momento de nuestra existencia (algunos a los 3 años, otros a los 50) hemos sufrido este mal y se nos ha escapado una palabra mal colocada, un error ortográfico y, para los más entendidos, una voz pasiva o un gerundio. No se trata de convertirnos en inquisidores y sambenitar a todo aquel que se equivoque, al fin que algunos ni saben que pecaron y mucho menos tendrán espíritu de reconciliación.

Sin embargo, si nuestro oficio es el de escritor, traductor, periodista y afines, tendría que ser un requisito obligatorio, pero tristemente no lo es.

Hace poco critiqué en una lista de distribución sobre el idioma español el título mal traducido de un congreso que rezaba “Aprenda a crecer su negocio (…)”. El mensaje lo firmaba una colega. Comenté que el título del mensaje me sonaba a una pasada de uñas por un pizarrón y se desató el caos. Algunos dijeron que no era aceptable que un traductor hubiera escrito semejante título, en tanto que otros me criticaron por lanzarle tomatazos a la compañera que de buena fe organizaba el congreso cuyo tema no era la traducción en sí, sino el negocio de la traducción. Digo yo, si nuestro negocio es la traducción, el primer paso para que prospere ¿no sería dominar el idioma?

Al final del día, pensé que pedirían mi cabeza pero afortunadamente el asunto quedó así y seguramente llevo algún tipo de estigma virtual (¿una sotana negra, quizás?), con lo cual vuelvo a la pregunta ¿qué hacer frente a esta pandemia?

No es menester celebrar un auto de fe cada vez que alguien comete una falta (ahí sí que el negocio no “crece”), pero creo que debemos llamar la atención sobre el particular, de forma muy respetuosa, sin comentarios cáusticos e, incluso, proponer alguna solución y lo demás dejarlo a la conciencia del hereje, digo, de la persona. Chris Durban incluso propone esto como método para conseguir nuevos clientes, con mucho tacto y con planteamientos positivos.

Seguiré haciendo lo que considero correcto, siempre guardando las formas, pero inevitablemente en algún momento y sin intención heriré susceptibilidades, como en el caso que nos ocupa, ¿qué le voy a hacer? Como dice el refrán en inglés: It’s the nature of the beast.

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4 thoughts on “Inquisidora del Santo Oficio (de la traducción)

  1. Yo hubiera hecho exactamente lo mismo que hiciste, el de señalar la mala redacción de la frase “hacer crecer el negocio”, pese a la lluvia de opiniones a favor y en contra. Lo que pasa es que el ambiente actual de las redes sociales ha erosionado lo que antes considerábamos buenos modales, discreción, cautela, etc. Es decir, ya casi nadie se muerde la lengua.

    • Lejos de morderse la lengua te muerden a ti. Estoy de acuerdo en que las redes sociales han cambiado la dinámica de la comunicación, como si ahora todo lo que uno dice tuviera que ser aceptable para todo el mundo. Nunca lo ha sido, ni nunca lo será porque justamente eso es lo que caracteriza la diversidad. Somos libres de decir lo que queramos, eso sí, por favor, que sea técnicamente correcto y con respeto hacia nuestros interlocutores. Saludos, Mario.

  2. Totalmente de acuerdo. Creo que lo principal es simplemente tratarnos con el respeto debido, aunque andemos equivocados. Concuerdo con Mario: la verdad es que el tono que se usa en muchas redes sociales es de muy mal gusto. En vez de insultarnos los unos a los otros, lo que conviene es apoyarnos y corregirnos entre nos (con buenos modales) cuando andemos mal. Todo el mundo se equivoca de vez en cuando. Y es sumamente importante que los colegas no tengan miedo de hacer una pregunta en los foros. Eso sí sería trágico, pero de hecho conozco alguna gente que ya ni pregunta porque les da un poco de cosa que los regañen (por decirlo así) públicamente.
    Uy, y de los calcos del inglés ni hablemos… 🙂

    • Lamentablemente así es, Judy. En el momento en que participamos en foros públicos quedamos sometidos al escrutinio de la gente, alguna más benévola que otra y sobre eso no tenemos control. Lo único que uno puede hacer es medir y escoger bien las palabras, especialmente al dirigirse a los demás.

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